Íñigo Castiñeyro y José Ignacio Igoa nos cuentan como fue el reciente ascenso de Íñigo al Manaslu y al Lhotse, tras recuperarse por completo de la tragedia que sufrió en Nepal

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Íñigo Castiñeyra en la cima del Manaslu, hace solo unos días

El pasado 26 de septiembre, mientras las mediáticas escaladas de alpinistas como Nirmal Purja, Carlos Soria o Andrzej Bargiel ocupaban todos los titulares con sus grandes proyectos y ascensiones, un pequeño equipo de españoles liderados por el donostiarra Íñigo Castiñeyra conseguía ascender con éxito hasta la cima del Manaslu (de 8.163 metros de altitud), la octava montaña más alta del planeta y el segundo de los ochomiles que Íñigo conseguía escalar. Lo hacía tras su exitoso ascenso también esta pasada primavera al Lhotse, de 8.516 metros de altura.

Íñigo Castiñeyra y José Ignacio Igoa Chanca‎. Fotografía de José Ignacio Igoa Chanca‎

Os contamos más detalles sobre esta doble ascensión de la mano de sus protagonistas, Íñigo Castiñeyra y José Ignacio Igoa

El Manaslu, el segundo ochomil de Íñigo

Después de haber hecho cumbre en el Lhotse la pasada primavera, su primera cima de más de ocho mil metros, Íñigo quería aprovechar la racha e intentar alcanzar un nuevo pico, pero está vez sin el estrés que supone la necesidad de alcanzar la cumbre a toda costa.

Fue entonces cuando decidió fijarse en el Manaslu, un ochomil perfecto para su nueva misión ya que técnicamente no es tan exigente cómo el Lhotse, el K2 o el Broad Peak.

Como nos cuenta el propio Jose Ignacio, durante su aventura en el Manaslu sufrieron días de muy mal tiempo, con largas jornadas de mucha lluvia cuando se encontraban en el campo base y grandes cantidades de nieve fresca en los diferentes campamentos de altura.

Cuando por fin tuvieron una ventana de buen tiempo y con la memoria de la correcta aclimatación en el Lhotse, Íñigo solo tuvo que ascender en una ocasión hasta el campamento 3 para comprobar con éxito que las rotaciones de aclimatación eran las idóneas. Sintiéndose fuerte, decidió entonces lanzar un ataque a cumbre desde el campamento base, en el que ascenderían por etapas la montaña en su totalidad en un único empujón que duraría varios días, ascendiendo desde el campamento base al campamento 2, del campamento 2 al 3, y del 3 a la cumbre. Y lo haría tan solo en compañía de su sherpa.

Sin embargo, cuando todo parecía ir según lo previsto y ya en el día en que intentarían alcanzar la cima, el sherpa comenzó a encontrarse mal, con fuertes mareos y constantes vómitos. Fue entonces cuando decidieron ponerle oxígeno, tratarle con los pocos medicamentos con los que contaban y pasar la noche en la montaña para ver su evolución.

Por suerte, al día siguiente estaba recuperado y en plenas condiciones, y pudieron retomar su ataque a cumbre para finalmente, el 26 de septiembre hacer cima en el Manaslu. Tras conseguirlo, volvieron al campamento base en una única bajada.

Los protagonistas: Íñigo Castiñeyra y José Ignacio Igoa

Íñigo Castiñeyra

Vídeo propiedad de CadenaSer.com

Íñigo Castiñeyra, donostiarra de nacimiento, cuenta con una gran experiencia a sus espaldas como alpinista y escalador. Siempre sin el uso de oxígeno, ha participado en expediciones al Aconcagua, Everest, Makalu, Annapurna, Broak Peak, Lhotse y Dhaulagiri, habiendo alcanzado con éxito las cimas del Lohtse y el Manaslu este mismo año.

Sin embargo, Íñigo saltó a la fama por motivos bien distintos, cuando en el año 2015 intentaba ascender el Annapurna. Aquella expedición se convertiría en la la más trágica de todas sus aventuras, y marcaría su futuro de por vida.

En aquel momento, tras encontrar unas pésimas condiciones en la montaña tuvo que abandonar su ataque a cumbre por graves problemas físicos, cuando las primeras congelaciones que empezaba a sufrir en sus manos y pies le obligaron a necesitar asistencia médica. Unas semanas después y tras estar ingresado en no pocos hospitales, tuvo que sufrir la amputación de hasta 7 de sus dedos, totalmente congelados.

Foto: Chus Marchador

En aquella ocasión, Íñigo ingresó en el hospital de Katmandú con los primeros síntomas de congelación tan solo 6 horas antes del trágico terremoto que dejó cerca de 9.000 muertos y 22.000 heridos en Nepal, aunque la suerte que le faltó en la montaña si le acompañó en los días posteriores, cuando el hospital en el que se encontraba se convertía en uno de los pocos edificios en resistir en pie el terremoto.

Ahora, totalmente recuperado tanto física como mentalmente, continua disfrutando de la mayor de sus pasiones, la montaña.

José Ignacio Igoa Chanca 

José Ignacio Igoa es, por su parte, otra de las piezas claves de esta historia. Especialista de material deportivo, alpinista y gran escalador de las escuelas alicantinas de Puig Campana y Peñón de Ifach en las décadas de los 80 y 90, es también técnico de rescate de montaña en la DYA y Protección Civil, además de monitor de escalada y espeleología, actividad que combinó durante muchos años con trabajos esporádicos de guía de montaña.

Ahora es el entrenador personal de Íñaki, desde que en el 2015 sufriese las congelaciones en sus manos. Es él quien se encarga de dirigir sus entrenamientos técnicos en pared de roca, además de ser su enlace en casa cuando Íñigo está de expedición.

Sus planes de futuro

Tras la exitosa expedición, ahora Íñigo se ha marcado como objetivo el intentar coronar otras dos cimas de más de ocho mil metros el próximo año, aunque todavía ni ellos mismos saben cuales serán. Habrá que estar atentos…

Las imágenes de su aventura, cortesía de Íñigo Castiñeyra y José Ignacio Igoa

Íñigo Castiñeyra y José Ignacio Igoa Chanca‎. Fotografía de José Ignacio Igoa Chanca‎

 

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