Hoy se cumplen 8 años de la muerte de Walter Bonatti, “el último gran alpinista tradicional”

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Corría el año 1954 cuando, con solo 24 años, Walter Bonatti participó en la expedición italiana que buscaba alcanzar la cima del K2 por primera vez. Por aquel entonces el joven italiano era ya una de las mayores promesas del alpinismo a nivel mundial. El día 30 de julio, Bonatti transportaba hacia el campamento 9 (hoy en día el campo 4)  en compañía de Amir Mahdi, su porteador en aquella escalada las bombonas de oxígeno que sus compañeros Achille Compagnoni y Lino Lacedelli iban a necesitar en el programado ataque a cumbre, el que sería el último intento de la expedición.

Tras un terrible esfuerzo, provocado por el elevado peso de las bombonas en aquella época alcanzaron el campo 9, solo para comprobar que allí arriba no había nada. Compagnoni, aterrado por el hecho de que el joven Bonatti era mucho más fuerte que él y con un gran temor de que le arrebatase su plaza en la intentona final de hacer cumbre, había decidido montar el campamento 9 mucho más arriba y fuera de la ruta, sin informar de ello.

Desconcertados por la situación, Bonatti y su sherpa se vieron obligados a continuar ascendiendo cargados con el enorme peso de las bombonas, con la amenaza de la noche y las bajísimas temperaturas casi encima pero con la esperanza de estar en la ubicación equivocada. Tras varias horas de ascenso y con las fuerzas de su sherpa agotadas, Bonatti consiguió establecer comunicación con Compagnoni, quien respondió a sus gritos de auxilio con un tajante “dejad las botellas y daros la vuelta”.

Obligados a pasar la noche a la intemperie, a más de 8.100 metros de altura fue cuanto menos sorprendente que tanto Bonatti como Mahdi sobrevivieran, aunque ambos escaladores corrieron distinta suerte. Si bien el italiano consiguió resistir ileso, al joven sherpa le tuvieron que amputar todos los dedos de los pies en los días posteriores.

«Yo debí haber muerto esa noche».

Lo que pasó después firma una de las páginas más negras de la historia del alpinismo. Compagnoni y Lacedelli se convirtieron en las primeras personas en alcanzar la cima del K2, pero a pesar de haber abandonado a Bonatti a su suerte, nunca se disculparon con él. Este hecho le enfureció de tal manera que no dudó en enzarzarse en una larga pelea en los tribunales con quienes se acababan de convertir en los héroes mundiales del alpinismo.

Acusado en aquel momento de intentar empañar la gran gesta de los triunfadores italianos, el joven alpinista tomó entonces una decisión que a posteriori se convertiría en su principal seña de identidad: a partir de entonces solo escalaría en solitario.

Un año después, en agosto de 1955 y aún con la polémica del K2 de rabiosa actualidad organizó un viaje al macizo del Mont Blanc, donde posó sus objetivos en el pilar suroeste del Petit Dru, de 3.733 metros de altura y hasta entonces sin aún escalar.

Tras varios días de durísima escalada por lo que parecía una línea de ascenso imposible, Bonatti se quedó atrapado a más de 3.000 metros de altura. Con un sin fin de desplomes bajos sus pies, la retirada era inviable. Pero el ascenso tampoco era posible. Con un imponente desplome ante si que no otorgaba ningún tipo de fisura ni asidero al que agarrarse, no le quedó más remedio que unir todos los cordinos con los que contaba, formando así una pequeña cuerda que lanzaría por encima del imponente desplome que tenia ante si.

Tras varios intentos fallidos, la improvisada cuerda por fin se quedó anclada a algo. Sin saber si resistiría su peso, el joven italiano decidió fiarlo todo a la suerte, colgando todo su peso de los cordinos y con un precipicio de más de 800 metros bajo sus pies. Sorprendéntemente, la cuerda resistió todo su peso, permitiéndole superar con vida una de las peores experiencias a las que Bonatti tuvo que enfrentarse a lo largo de su carrera.

Acababa de nacer una leyenda, y las dudas sobre su versión de lo ocurrido en el K2 un año atrás comenzaban a disiparse. El mundo entero comenzaba a ver a Bonatti como lo que realmente era, un gran alpinista. Desde entonces aquel peligroso pilar recibe su nombre.

El Pilar Bonatti del Petit Dru, en el macizo del Mont Blanc.

En los años posteriores Bonatti se convertiría, poco a poco, en el mejor alpinista del mundo. Tras una serie de escaladas imposibles, en 1958 conseguiría otro de sus más grandes triunfos, al conseguir ascender en solitario y en verdadero estilo alpino el Gasherbrum IV, de 7.925 metros de altura. Pero solo tres años después, en 1961, la tragedia y la polémica volvería a cruzarse en su camino.

Tras un buen número de escaladas en solitario, por fin decidió abrirse a formar parte de algunas cordadas. Como en la expedición franco-italiana que intentaba alcanzar por primera vez la cima del Pilar Central del Frêney, en la cara sur del Mont Blanc. Durante aquel ascenso, una gran tormenta sorprendió a los 7 escaladores que formaban el grupo, obligándoles a retirarse. Durante el descenso morirían 4 de los 7 montañeros, y aunque los dos supervivientes reconocieron que le debían su vida a Bonatti, en Italia fue, de nuevo duramente criticado, aún con lo ocurrido en el K2 sin esclarecer. Sin embargo Francia le vería de una forma muy distinta, transformando su figura en héroe otorgándole la Legión de Honor, un gran reconocimiento por parte del país francés.

En 1965 y tras una larga carrera de éxitos, volvería a firmar la que se convertiría en una de sus mejores actividades, el ascenso invernal y en solitario a la cara norte del Cervino. Justo después, el joven italiano de 35 años anunciaba su retirada del alpinismo profesional. ¿Sus motivos? La deriva que por aquel entonces estaba adquiriendo el alpinismo a nivel mundial, donde las escaladas en artificial estaban dejando de lado el verdadero estilo alpino.

Desde entonces el joven escalador se alejaría cada vez más de la primera línea, dedicando el resto de su vida a la exploración anónima de los grandes territorios aún sin descubrir. Hasta el año 1993, cuando Robert Marshall, un cirujano aficionado al alpinismo volvería otorgar a la historia de Bonatti el protagonismo que merecía tras encontrar una vieja fotografía nunca publicada. En ella se veía a Lino Lacedelli en la cima del K2, con una máscara de oxígeno sobre su boca. Pero Lacedelli y Compagnoni habían asegurado durante años que Bonatti había consumido todo el oxígeno durante la noche que tuvo que pasar a la intemperie en el K2, asegurando por aquel entonces que había puesto sus vidas en peligro. Los conocimientos médicos de Marshall le hicieron darse cuenta al instante de que de ser esto cierto, Lacedelli habría muerto tras la realización de aquella vieja fotografía tras inhalar el CO2 que le habría transmitido la máscara que llevaba puesta.

Desde entonces una gran corriente de pensamiento a favor de Bonatti se instauraría en el país italiano, concluyendo en el año 2004 con la confesión del propio Lacedelli, quien contaría todo lo ocurrido en el K2 50 años atrás, confirmado punto a punto todo lo asegurado por Bonatti. Lo haría en su libro “El precio de la conquista: confesiones de la primera ascensión al K2”. En el 2009. conco años después el Club Alpino Italiano daría marcha atrás, y por fin daría la razón definitivamente a Walter Bonatti.

El 13 de septiembre del añ 2011 Bonatti fallecía en Roma, a la edad de 81 años. Casualmente murió solo dos días después de que el pilar que llevaba su nombre en el Dru, el cual llevaba años sufriendo desprendimientos terminara por derrumbarse por completo, llevándose consigo la mítica línea imposible en la que Bonatti comenzó a forjar su gran leyenda. Ya entonces, el gran Reinhold Messner había descrito a Bonatti como al último gran alpinista tradicional del mundo.

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